jueves, 29 de noviembre de 2007

La espera

Esperar a Dios y ser esperados por Dios. El encuentro definitivo llegará, para alguno, este día.

«Salvados por la esperanza» («Spe salvi»), la nueva encíclica de Benedicto XVI, se publicará el 30 de noviembre.

La segunda encíclica de este pontificado continúa meditando en la segunda de las virtudes teologales, después de haber reflexionado sobre el amor en «Deus caritas est» (firmada el 25 de diciembre de 2005)

Benedicto XVI reflexiona en la carta de san Pablo a los Romanos 8, 24, en la que dice: Porque nuestra salvación es en esperanza; y una esperanza que se ve, no es esperanza, pues ¿cómo es posible esperar una cosa que se ve?.

Meditemos hoy sobre esta virtud de la Esperanza para prepararnos a esta Encíclica del Papa:

En una esquina, junto al bar, a la entrada de un cine, en la estación: en muchos lugares hombres y mujeres esperan.

Esperan. ¿Qué esperan? Cada uno espera a alguien. Al novio, una chica enamorada. A la novia, un chico que necesita algo de esperanza. Al hijo, el padre que lo vio partir un día hacia una guerra inesperada. Al padre, ese hijo que lo quiere otra vez en casa, después de años sin poderse abrazar.

Esperan. ¿Cuándo llegará? El tiempo pasa, los minutos se hacen eternos. Los ojos giran y giran para descubrir si aquel bulto, a lo lejos, es ese ser querido, la persona esperada, la alegría que anhela el corazón.

Unos esperan y otros son esperados. Quien camina al lugar de la cita sólo desea una cosa: que le estén esperando. Es triste llegar al cine y no encontrarse con el amigo, o regresar al pueblo y no ver a nadie en la estación. Causa un dolor inmenso descubrir que quien debía esperarnos ya no se encuentra en el mundo de los vivos...

Esperar y ser esperado. Podemos preguntarnos ahora: ¿espera Dios? ¿Le esperamos? Más allá de las nubes y más acá de las flores, donde el horizonte se viste de colores y donde los niños juegan a canicas, donde una anciana busca sus gafas oxidadas y donde un nieto deja su “nintendo” para ayudar a preparar la cena.

Dios nos espera detrás de cada pensamiento, de una lágrima, de un diploma o de un choque en carretera. Dios nos espera también cuando pecamos, cuando probamos un poco el gusto de una libertad mal usada, lejos de sus brazos y lejos, a veces, de los brazos de quienes nos aman de veras. Dios nos espera cuando permite una enfermedad o esos ratos largos, eternos, de insomnio en una noche de verano.

Nosotros, ¿esperamos a Dios? ¿Lo buscamos en la oficina, en la fábrica, en los campos que se visten de amapolas, en los jilgueros que cantan la mañana?

Esperar a Dios. No hay que ir lejos para ir a su encuentro, aunque a veces no nos resulte fácil abrir el corazón a ese cariño que nos hace desear su abrazo, porque nos abruman los mil problemas de la vida, porque nos distraen pequeños juegos o programas informáticos.

Esperar a Dios y ser esperados por Dios. El encuentro definitivo llegará, para alguno, este día.

Una estrella se apaga y otra se enciende, mientras la luna acaricia, con suave luz, una tierra que llora a los que parten, mientras los ángeles del cielo inician la fiesta del banquete. Un hijo entra en casa y es abrazado por un Padre que lo esperaba con amor eterno...


Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net

Continua Leyendo...

sábado, 17 de noviembre de 2007

María, remedio de remedios

¡Virgen María! el bien que encierras en tu Corazón Inmaculado es mucho mayor que el mal del enemigo.

Nos gusta mucho mirar los males que padece nuestro mundo, la sociedad que nos rodea. Y no es porque seamos pesimistas, o porque tengamos manías autodestructivas o masoquistas, como se dice, ¡no!... Si mi-ramos nosotros el mal, es porque queremos oponerle el bien.

Tenemos el optimismo debido, sabiendo que los males se pueden remediar cuando nosotros les aplicamos los medios oportunos.
Es lo que hacemos en nuestros mensajes siempre que sacamos a relucir algunos males: es porque sabemos que aplicamos a la enfermedad la medicina apropiada.

Hoy, por ejemplo, me gustaría tender de nuevo una mirada al mundo nuestro. El que ha perdido el sentido del pecado, el de las guerras, el de la droga, el del sexo desbordado, el del tráfico de la mujer y de los menores para la prostitución, el del materialismo, el de la rebeldía juvenil, el del infanticidio con el aborto despiadado, el del paganismo galopante... ¿De veras que no tiene remedio tanto mal?...


Digo esto, porque se me ocurre una anécdota muy interesante:

A mitades del siglo diecinueve, el Papa Pío IX estaba muy preocupado por los males que aquejaban al mundo. Le obsesionaba, sobre todo, el avance del Racionalismo que amenazaba gravemente el por-venir de la Iglesia. El Papa meditaba, exponía sus temores, consultaba. Y un Cardenal, famoso en la Roma de entonces por el montón de lenguas que hablaba, le decía repetidamente al Papa:

- Santidad, defina el dogma de la Inmaculada Concepción.

El insigne Cardenal sabía lo que se decía. Venía a decirle al Papa:

- Proponga al mundo, Santo Padre, un ideal muy alto de santidad, de belleza y de pureza.

El Papa le hizo caso y definió el dogma de la Inmaculada.


El Cielo, con las apariciones de Lourdes cuatro años después, vino a ratificar el gesto del Vicario de Jesucristo.

El Racionalismo encontró una roca de contención en su avance. Y la piedad cristiana se acrecentó enormemente con la devoción a la Virgen Inmaculada.

Ahora nos podemos preguntar nosotros. - ¿Nos encontramos hoy mejor o peor que en los tiempos del Papa Pío IX? ¿Tenemos o no tenemos derecho a estar preocupados? ¿Nos importa o no nos importa que muchos deserten de su fe; que se acomoden a un mundo cada vez más secularizado; que acepten prácticas totalmente paganas; que se rebelen contra la Iglesia y su Autoridad; en una palabra, que se vayan alejando cada vez más de Dios?...
Nos preocupa esto, y mucho, a los que nos llamamos cristianos y católicos, porque sabemos el riesgo que muchas almas corren de perderse.

Pero, al mismo tiempo, ¿no sabremos oponernos eficazmente para detener el mal y promover el bien?... ¿No podremos hoy volver también los ojos a la Inmaculada Virgen María?...

Si vivimos nosotros el amor, la invocación, la imitación de la Virgen, y si lo hacemos vivir a los demás, promoviendo su devoción, ¿no pondríamos el remedio de los remedios a muchos de los males que nos rodean?
La salvación nos vendrá siempre de Dios por Jesucristo. Pero, es que Jesucristo y Dios han tenido la elegancia con su Madre de confiarle a Ella los problemas más grandes de la Iglesia.

Además, nos la han propuesto como el modelo y el ejemplar de lo que Dios quiere de nosotros. ¿Qué ocurriría entonces, si amamos a la Virgen y la hacemos amar?...

¿Mirar a la Inmaculada, triunfadora del demonio en el primer instante de su Concepción, y dejarle al Maligno que avance por el mundo, destruyendo el Reino de Dios?... Imposible.

¿Mirar a María, ideal de pureza sin mancha alguna, y seguir sus hijos como víctimas vencidas de la impureza?... Imposible.

¿Mirar a María, la Mujer elevada a la máxima altura de Dios, honor y orgullo de la Humanidad, y no respetar, defender, promover y amar a la mujer como lo hacemos con María?... Imposible.

¿Mirar a María e invocarla, para que ayude hoy a la Iglesia, como la ayudó en los momentos difíciles de otros tiempos, y que Ella nos abandone a nuestra pobre suerte?... Imposible.

Todas esas cosas son imposibles porque María tiene un Corazón de Madre. Y es imposible que la Madre permanezca indiferente a los males de sus hijos.

Ciertamente que habremos de contar siempre con la malicia humana, guiada por el enemigo que desde el paraíso nos persigue a muerte para evitar nuestra salvación, llevado del odio que le tiene a Dios y la envidia con que nos mira a los redimidos. Dios previno esta lucha entre el dragón y la Mujer, pero la victoria definitiva se la asignó a la Mujer y no al dragón. María, Mujer delicada y Madre tierna, se presenta al mismo tiempo en la Biblia como una guerrera invencible en las batallas de Dios.

¡Virgen María! El mal del mundo es muy grande. Pero el bien que encierras en tu Corazón Inmaculado es mucho mayor. La Iglesia, Pueblo y Familia de Dios, te invoca confiada. ¿Quién va a poder más, el enemigo o Tú?....


Autor: Pedro García, misionero claretiano | Fuente: Catholic.net

Continua Leyendo...

jueves, 15 de noviembre de 2007

¿Cómo hablar de alcohol con tus hijos?

¿Cómo hablar de alcohol con tus hijos?

“Ya estoy harto de escuchar a mis papás diciendo que soy un alcohólico. No quiero que me hagan sentir más mal de lo que ya me siento. Lo que quiero es que me ESCUCHEN, que simplemente me digan como mis amigos, no la ”riegues” sin regañar, sino con consejos. Yo empecé a tomar a los 14 en casa de mis amigos porque sino tomaba no era cool; pero ahora sólo soy tomador social, no como mis amigos que lo hacen por su conflicto con la sociedad y su familia; porque sus papás van y los “avientan” los viernes a la plaza, les dan $500 pesos y se van con la novia, los amigos, al golf y ni los pelan; ni quien les diga nada; para mí que les da miedo cuidar a sus hijos. Los papás creen que los hijos andan en bola en el cine, que están seguro, pero ni saben que los chavitos ya saben que si toman vodka huele menos y que si se “meten” coca ni se dan cuenta de que andaban hasta atrás. Además, con qué cara los regañan si cuando pasan por ellos “andan” igual”. (Testimonio de un joven universitario recabado en Focus Group para la Cátedra)

En días pasados se hicieron públicos los resultados de la Primera Encuesta sobre Adicciones entre los Capitalinos ; en dicho estudio se anuncia que casi 3 millones de personas entre los 12 y los 45 años consumen alcohol. 37.3% de los jóvenes entre los 12 y 17 años se declararon bebedores y 17.7% ya tienen condición de dependencia (14.6% hombres, 3.1% mujeres). Estas cifras suenan coincidentes con los resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006 desarrollada por el Instituto Nacional de Salud Pública que publicó que existe una tendencia sostenida a incrementar la ingesta con la edad. Particularmente reportó que en el grupo que comprende a los jóvenes entre 16 y 19 años, 21% de hombre y 10% de las mujeres dijeron consumir semanalmente de cinco a más copas en una ocasión.

Sin lugar a dudas muchos de nuestros lectores en estos momentos estarán pensando mi hijo, un sobrino, un amigo o un compañero muy probablemente es parte de esa estadística; ¿qué puedo y debo hacer? El pensamiento derivado de dicha reflexión habrá de llevar a muchos a decir: “tengo que hablar seriamente con él”; “¿Cómo le digo que está mal?”; “Sólo aprenderá hasta que le ocurra un accidente”; “lo llevaré con un especialista”. Un sector más activista hablará con algún amigo o compañero de trabajo y empezarán a mandar correos con presentaciones de accidentes, recolectarán firmas, pedirán el cierre de antros, negarán permisos y discutirán por horas con sus hijos sin llegar a una solución concreta. Pero, ¿realmente estas alternativas son la mejor solución para hablar de alcohol con los hijos?

Primeros pasos

Como padres, el temor porque nuestros hijos se expongan a situaciones de riesgo o se involucren en acciones que deriven en el abuso del alcohol es natural. No obstante, pocas son las veces en que encontramos el momento oportuno, la palabra precisa o el lugar indicado para abordar el tema del alcohol en la familia.
Los expertos hoy día han encontrado que más allá del ataque, la satanización del alcohol o el emprender medidas radicales hay que emprender estrategias inteligentes de educación y prevención basadas en la comunicación efectiva y afectiva. ¿Cómo iniciar?

1.Dar testimonio. La falta de límites, reglas claras y testimonios de congruencia en el seno familiar son la principal motivación para la iniciación, el consumo y el abuso. Dado que el consumo de bebidas con alcohol está tan arraigado en nuestra cultura y nuestras costumbres, desde pequeños los hijos han visto que en casa la mayoría de las personas adultas beben alcohol en situaciones específicas asociadas con el festejo, las celebraciones y la interacción social natural. Por ello, se vuelve importante que sean los padres y los adultos cercanos los que muestren un consumo moderado y responsable que jamás derive en la embriaguez.

2. No ser permisivos ni tolerantes ante el consumo de menores. Por muy común que sea el uso de alcohol en nuestra cultura es un hecho científico que los menores no deben beber alcohol y mucho menos el que sean los padres los que permitan y toleren esta situación. Tanto niños como jóvenes son más sensibles a los efectos del alcohol y más vulnerables a involucrarse en situaciones peligrosas debido a que por lo general los adolescentes no preveen riesgos. Además, se ha comprobado que entre más temprano se inicien en el consumo más propenso serán a tener problemas con la bebida.

3. Fije normas y límites. ¡Cumpla su palabra! Cuando un niño o un adolescente no tiene normas claras es casi un hecho que opte por beber a la primera manifestación de presión social o curiosidad. Establezca normativas precisas sobre el consumo de alcohol: “los adolescentes no deben beber”, “no se debe conducir si se ha tomado”. Es muy importante que establezca sanciones y que nunca las suspenda o disminuya.

4. Fomentar la responsabilidad. Si uno como padre ha decidido beber, debemos ser los primeros en ser responsables. El alcohol en sí no es malo, lo que resulta inconsciente es el uso inapropiado. Nuestros hijos deben saber esa diferencia; deben saber que existen personas que como ellos no deberían beber: el alcohólico, los hipersensibles al alcohol, las mujeres embarazadas, los enfermos, los que manejan, los que están trabajando. Si los hijos ven que sus padres abusan del alcohol ellos repetirán la conducta. Los hijos deben ver en sus padres un modelo responsable y digno de imitar.

5. Hablar y conocer. Para cualquier acercamiento sincero es importante el diálogo y la comunicación con los jóvenes. Es fundamental establecer empatía mostrando interés por su mundo y su persona. La comunicación profunda permitirá a los padres conocer y descubrir los problemas personales, familiares o sociales que mueven en el fondo a sus hijos al consumo y abuso del alcohol.

6. Diga no a los sermones. La edad ideal para hablar sobre el alcohol, no es después del primer consumo o abuso. Los especialistas recomiendan hacerlo entre los 8 y los 11 años; edad en la que aún no manifiestan la rebeldía del adolescente que busca ser independiente, pero ya cuentan con la suficiente madurez para comprender. Se recomienda hablar en periodos cortos y oportunos; al otro día en que el chico bebió, nunca cuando esté bebido. Hable claro y exponga siempre los riesgos y las posibles consecuencias. Para una buena comunicación, aprenda a escuchar y dar un ejemplo o testimonio que refuerce lo dicho.

7. Cariño e interés. En cierto momento de su desarrollo, tanto niños como jóvenes se sienten solos y buscan en sus pares el afecto, la estima y la atención que no encuentran en casa.

8. Ofrecerles información objetiva. Los jóvenes particularmente rehuyen a las actitudes autoritarias y moralistas, tienden a desconfiar de los adultos que les brindan información distorsionada, que sataniza conductas o exagera los peligros. ¡Cuide muy bien lo que les diga!

Su contacto con los medios de comunicación, otros jóvenes y adultos hace que no se crean todo contenido o información que reciban. En la medida que sean motivados a ser autogestivos, a usar su creatividad e imaginación buscarán definir su problemática e identificar soluciones.

Si aún está a tiempo, hable con sus pequeños y adolescentes sobre el alcohol. Si ya han decidido beber, recuerde: nunca es tarde para hacerlo responsablemente. No arriesgue a su familia, mejor arriésguese por una buena comunicación.

Dónde acudir

Para mayor información te invitamos a consultar los servicios informativos que ha desarrollado la Fundación de Investigaciones Sociales A. C (FISAC) en colaboración con la Cátedra FISAC-Anáhuac en comunicación para la responsabilidad en el consumo y la sana convivencia:
Portal:www.alcohlinformate.org.mx
Blog para padres: www.padres.alchlinformate.org.mx
Blog para jóvenes: www.jovenes.alcholinformate.org.mx
O solicitando en su escuela los Talleres Tipps para la promoción de la salud, la responsabilidad y moderación ante el consumo de bebidas con alcohol impartidos por FISAC: 5545-6388, 5545-7027, 5545-7216 y 5545-9981 en la ciudad de México

Puntos importantes a considerar

1:

¡Foco Rojo! ¿Cómo saber que se está rebasando el consumo responsable?
· Deseo persistente por beber
· Tolerancia
· Incapacidad de control
· Emplean mucho tiempo para conseguir alcohol o recuperarse de sus efectos
· Reducción de actividades sociales, laborales o recreativas debido al consumo
· Uso continuado a pesar de tener conciencia de problemas psicológicos o físicos causados por el consumo

2:

Principales lugares de consumo en los menores
· Casa (34.88%)
· Casa de otras personas (26.92%)
· Restaurantes (10.97%)
· Bares o antros con licencia para expender alcohol (11.58%)
· Lugares sin licencia para expender alcohol (2.83%)
· En la calle (6.05%)
· En el trabajo (2.39%)

3:

Situaciones que favorecen el inicio en el consumo de bebidas con alcohol
· Acontecimientos sociales
· Quince años
· El paso de la adolescencia a la adultez
· Bodas
· Partidos de futbol
· Conciertos
· Salida a antros

4:

Tipps para una fiesta responsable
Con el fin de iniciar una cultura de responsabilidad ante el consumo en casa ofrecemos los siguientes consejos:
• Inicie las reuniones familiares ofreciendo bebidas sin alcohol: jugos de frutas, refrescos o agua. Piense también en los invitados que han elegido no ingerir bebidas con alcohol.
• Sus amigos y usted son el alma de la fiesta, las bebidas son un complemento.
• Organice juegos, baile, conversaciones sobre temas de interés.
• Para que su fiesta o reunión tenga un final feliz, recuerde que lo ideal es divertirse, no excederse.
• Ofrezca botanas al comenzar la fiesta, ya que el alimento hace que el alcohol llegue más lentamente a la corriente sanguínea.
• Beba despacio e intercale bebidas sin alcohol.
• Si está bebiendo para cambiar su estado de ánimo, ¡cuidado!
• Si alguien se emborracha en su casa, invítelo a que se quede a dormir, llévalo a su casa o pídela un taxi de sitio.
• Si alguien sufre una congestión alcohólica, llévelo a la institución hospitalaria más cercana, al área de urgencias, y procure que repose de costado, ya que podría vomitar y ahogarse.

5:

¿Por qué algunos jóvenes han decidido no beber alcohol?
En la Encuesta Nacional de Adicciones 2002, 64% de los menores -que confesaron que nunca habían bebido- mencionaron como causas: el que en su casa no se acostumbraba; por su religión; por miedo a tener problemas y porque no les llamaba la atención. Mientras que en el 36% restante se vio que -más allá de los modelos difundidos por los medios de comunicación y la presión social- es en la propia casa o en la de familiares y amigos donde se indujo a la prueba, ya sea porque era una conducta normal entre los miembros de la familia; los padres quisieron romper mitos, tabúes y “enseñar” que no tenía nada de mala; para superar la curiosidad o simplemente como una forma de iniciación o mostrar maduración a la sociedad.

6

¿Por qué si lo tienen todo, los jóvenes quieren beber?
Durante las entrevistas realizadas, los jóvenes comentaron que consumen bebidas con alcohol: porque si no toman, no están en el mismo canal que sus amigos; por la presión social; por costumbre; porque si no serán vistos como los aburridos; por quedar bien con el novio/a; porque han sufrido violencia intrafamiliar; por presión escolar y la extrema exigencia de los padres; por sus problemas familiares y sociales.

“En México más de 3.5 millones de jóvenes entre los 12 y los 17 años se consideran actualmente bebedores” (Encuesta Nacional de Adicciones 2002)


Autor: Jorge Alberto Hidalgo Toledo | Fuente: Catholic.net

Continua Leyendo...

martes, 13 de noviembre de 2007

Dos caminos, ¡escoge!

Repasa un poco tu vida y contempla si tienes las manos llenas o vacías

Recojo aquí los pensamientos de un joven que un buen día se puso a reflexionar sobre qué camino iba a seguir en su vida, para aprovecharla bien y tomársela en serio. Te invito a reflexionar también sobre el rumbo que vas a dar a tu existencia. Hay muchos caminos. Así pensaba este joven:

Uno, el camino fácil del "tirar adelante" por la vida, sin mayor preocupación: buscarme una buena fuente de recursos para mi sustento y, eventualmente, para asegurar el futuro de una familia; tratar de ganar buen dinerito; soslayar del mejor modo posible las penurias de la vida; y gozar al máximo los pocos años que tenía delante de mí.

El otro camino se presentaba, con mucho, más arduo y escabroso. Se trataba de construir la vida, minuto a minuto, mirando hacia la eternidad. Tomar cada instante de mi tiempo como una oportunidad que Dios me concedía para hacer algo por Él y por el bien de mis hermanos. "Invertir", por así decir, cada segundo, en algo constructivo, en algo que sirviera para los demás, y me asegurara, además, la vida eterna.

Te confieso que estas frases han cambiado por completo mi existencia. Las leo y releo con mucha frecuencia. Alimentan mi ilusión, mi deseo de aprovechar con avaricia la vida.

Y a ti, ¿no te dicen nada? ¿Qué camino has escogido o piensas escoger? Para escoger entre estas dos opciones nunca será tarde mientras nos dure la vida. No dudes, reflexiona, medita, escoge...

Por mi parte, no quiero terminar mi existencia en este valle sin dejar huella en el mundo y en los corazones de quienes se han encontrado conmigo. Pero sobre todo, no deseo, por nada del mundo, llegar a la eternidad con las manos vacías.

"No hay persona con la que nos hayamos puesto en contacto que no sea un poco mejor o un poco peor por habernos conocido. No importa que nuestro encuentro haya sido breve; influimos, para bien o para mal, en todos aquellos que se acercan a nosotros". Leía hace unos días este pensamiento en un diminuto libro de Leo J. Trese, titulado "Un paso me basta".

Sinceramente, no me había detenido a pensar mucho en esta realidad. ¿Cuántas, cuántas personas han hablado y convivido conmigo? ¿Cómo he influido en su vida? A veces, ni siquiera se han acercado a nosotros, pero nos han escuchado, han leído nuestros artículos o libros, nos han visto de lejos o de cerca.

Pregúntate con la poetisa: "Y al fin, cuando me vaya fría, pálida, inerte.... ¿Qué dejaré a la Vida? ¿Qué llevaré a la muerte?".

Repasa un poco tu vida y contempla si tienes las manos llenas o vacías.

Pasa la mirada por nuestro querido planeta y contempla quién va por ambos caminos. En uno encontrarás gente tirada, hastiada, con ganas de dar marcha atrás o de acabar pronto. Y hay miles de salidas rápidas, de emergencia.

En el otro, gente llena de ilusión y felicidad, con ganas de vivir, con fuerzas para sonreír, con ojos de satisfacción.

Que tu vida no sea una melodía vulgar, monótona y ramplona, como escribió en una ocasión Pío Baroja.

Concluyo con unas palabras de este mismo joven del que te hablo, palabras que figuran en su diario unos cuantos años más tarde: "Cómo quisiera detener el tiempo con una mano y seguir trabajando con la otra. Pero el tiempo es inexorable. Rueda y rueda, y cada vuelta me va robando energías y vida".


Autor: - | Fuente: Catholic.net

Continua Leyendo...

martes, 6 de noviembre de 2007

Él saca de cada uno lo mejor que tiene.

Cristo sacó de todos los que le siguieron lo mejor que tenían y también lo sacará de ti.

“Jesucristo es y seguirá siendo piedra de escándalo por su caudal precioso de ideas y perspectivas que, en choque con las tendencias bajas del hombre, ha querido elevarle, ennoblecerle y hacerle consciente de lo auténticamente importante y trascendente de su existencia.”

“Dime con quien andas y te diré quien eres.” Este dicho popular tiene mucha sabiduría. No hay nada que echa a perder tanto a un joven como un mal compañero, y al contrario, no hay nada que lo construya más como un amigo verdadero y auténtico. Con demasiada frecuencia un chico saca lo peor de una chica y viceversa. Podemos decir con toda certeza que Cristo sacó de todos los que le siguieron lo mejor que tenían.

Pensemos en el caso de Simón Pedro, el pescador de Galilea. Si no fuese por Cristo, ése hubiera pasado toda la vida entre sus labores, sin demasiada trascendencia, en el lago de Galilea. Desde que Cristo lo llamó se convirtió en “pescador de hombres.”

Es el caso también de Leví, o Mateo, el publicano. No hay duda de que ganaba un buen dinero, siendo colaborador de los romanos en ese oficio tan remunerativo, pero odiado por los judíos. Mateo descubrió en Cristo la verdadera riqueza y lo siguió con presteza. El ha marcado la historia, no sólo como un gran Apóstol, sino también como un gran Evangelista.

El caso de Judas Iscariote es dramático. El Señor trató de formarlo, de llevarlo al arrepentimiento, incluso llamándolo “amigo” en el momento mismo de la traición. Aunque Cristo ofrezca toda su gracia a una persona, si ésta no quiere colaborar con ella, no le aprovecha nada. Es el caso triste de Judas que pasó a la historia como “el traidor” y paradigma de toda persona de ese tipo.

Cristo no sólo sacó lo mejor de las personas en su día, sino sigue haciéndolo el día de hoy. Hay miles de personas que han encontrado en Cristo el modelo de su vida, la guía, el mejor maestro.

“Él es mi único amor, mi máxima ilusión, mi luz, mi camino, mi ejemplo, mi todo...quisiera que ustedes disfrutaran de esa dicha inefable de amar lo que Él ama, sentir como Él siente, pensar con sus criterios... y que gozaran de la dicha inefable de su hermosura sobrenatural, humana, moral...”

Si comparamos los resultados que producen los líderes modernos y el gran Líder, Cristo, en los hombres, no nos queda lugar a duda de que Él es el mejor. Muchos líderes cinematográficos, deportistas, intelectuales... van dejando a la humanidad cada vez más pobre. Se tiene la tentación de optar por estos ídolos modernos que destruyen a la persona humana en su dignidad. Cristo es el Líder que mejor eleva al hombre, pues cada vez que se le sigue más de cerca, uno es más hombre.

Cristo nos enseña a pensar correctamente, usando nuestra propia razón y a no dejarnos lavar el cerebro por cualquier “profeta” que aparece por allí. Él nos exige tener fuerza de voluntad y a no ser volubles, dejándonos llevar de remolque por nuestros constantes cambios de ánimo. Cristo nos pide desarrollar nuestro sentimientos, pero sin dejarnos llevar por el sentimentalismo.

Pilato dijo a la multitud “¡Aquí está el hombre!”, refiriéndose a Cristo azotado y coronado de espinas. Todos los hombres tenemos que mirar a este Hombre para conocer la medida del hombre. Si no nos asemejamos a Él, no habrá valido la pena vivir.


Autor: P. Fintan Kelly | Fuente: Catholic.net

Continua Leyendo...

sábado, 3 de noviembre de 2007

Altar de Muertos

Hola chavos, aki les presento 2 videos, el primero de cuando estabamos realizando la base del altar de muertos, y Yaaresi nos muestra como no se debe realizar un corte con caladora, y el segundo video, es del altar ya arreglado, bueno, fue el primer intento pq despues lo cambiaron de orden.

Video 1


Video 2

Continua Leyendo...